Una moneda puede ser auténtica y, al mismo tiempo, no conservar el aspecto con el que salió de la ceca. Un golpe, una prensa, el calor, un abrasivo o la separación de sus componentes pueden transformarla hasta hacer pensar en una acuñación descentrada, un cuño obstruido o un cospel defectuoso.
Estas piezas suelen llamar la atención precisamente porque su deformación parece demasiado extraña para ser accidental. Sin embargo, una apariencia espectacular no basta para atribuir el origen de la anomalía al proceso de fabricación.

Esta es la segunda entrega de la serie iniciada con los principales errores de acuñación en las monedas actuales. Si en aquella primera parte seguimos las anomalías nacidas dentro de la ceca, ahora nos ocupamos de las intervenciones y daños que aparecen después.










