Una moneda con una apariencia extraña plantea una pregunta sencilla, pero responderla bien exige método: ¿la anomalía nació durante la fabricación o apareció cuando la pieza ya había salido de la ceca?
La primera impresión no basta. Tampoco bastan una fotografía, una cifra obtenida con una báscula o el parecido con otra moneda encontrada en internet. Para identificar un posible error de acuñación hay que reunir indicios compatibles entre sí y reconstruir qué pudo ocurrirle al metal.

Esta tercera y última entrega cierra la serie iniciada con los principales errores de acuñación en las monedas actuales. Después de estudiar también las monedas manipuladas que parecen errores de acuñación, reunimos ahora ambos campos en un procedimiento aplicable a una pieza concreta.











